domingo, 14 de junio de 2015

Exclusión de origen

Al surgir las declaraciones de derechos humanos, a finales del siglo XVIII,  faltaba incluir en ellas a la mitad de la humanidad, cuando Thomas Jefferson redactaba la Declaración de Independencia de los Estados Unidos, y los franceses hacían su Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano; ya desde el lenguaje utilizado era excluyente, dejando fuera por lo pronto a las mujeres; contrario a lo que se piensa la reacción fue inmediata de parte de las pensadoras de ese tiempo como lo fue Olimpia de Gouges, quien publicó una réplica feminista a la declaración francesa, la cual se llamó “Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana”, en esta, se denunciaba que no existían tales principios universales como los de igualdad y libertad, pues las mujeres carecían de derechos políticos, junto con ella se sumaron algunas mujeres y muy pocos hombres, lamentablemente; a pesar de estos esfuerzos, en la Constitución de Francia de 1791 se distinguían dos categorías de ciudadanos, los activos –varones de 25 años independientes y con propiedades-, y los pasivos –hombres sin propiedades y todas las mujeres sin excepción-. Un año después la Inglesa Mary Wollstonecraft escribe “Vindicación de los derechos de la mujer”, texto en donde se expone una sólida argumentación en la defensa de la igualdad de la especie y como consecuencia, de la igualdad entre los géneros; aunque esto no sirvió de mucho, debido a que cuatro años después de este último texto llegan las prohibiciones sobre el ejercicio de sus derechos y quince años después surge el Código Napoleónico que es tomado como modelo en toda Europa, y en nuestro país no será excepción.  Este código mantiene y refuerza figuras de desigualdad entre el hombre y la mujer.
En Estados Unidos, con el “Manifiesto Comunista” se presenta una enmienda a la Constitución, la cual concedía el voto a los esclavos y negaba expresamente el voto a las mujeres, una vez más vuelven a ser excluidas. En Inglaterra también está presente la cuestión del voto fallido, a pesar de serios intentos malogrados por incluir a la mujer en la vida electoral.

No obstante la lucha que se ha librado a lo largo de los siglos en la evolución social de la humanidad. En México continúa la cultura de desigualdad, hasta el día de hoy, ha sido ilusoria la idea de que los hombres y las mujeres son iguales ante la ley, y ante eso, múltiples son los intentos de revertirlo, se han presentado un sinfín de iniciativas, por ejemplo y sólo para ilustrar esto podemos citar la llamada cuota de género en materia electoral, o bien las transformaciones de las instituciones de los diversos códigos civiles de los estados. No sólo el gobierno ha sido partícipe de este cambio de cultura a nivel de los derechos de igualdad de género, también diversas organizaciones no gubernamentales –llamadas ONG- o internacionales como la Organización de las Naciones Unidas que ha desarrollado una campaña llamada HeForShe, la cual es a nivel mundial e incluye un movimiento solidario para la igualdad de género y su objetivo es generar conciencia sobre el problema así como incidir en la responsabilidad que tienen los hombres y niños de eliminar cualquier forma de discriminación y violencia contra las mujeres y niñas, a través de nuevos modelos de conducta que propicien un mundo igualitario. En nuestro país el 42% de las mujeres, tienen una participación económicamente activa y esto acentúa el problema y hace que las mujeres exijamos el cumplimiento de esa igualdad ante la ley. Falta mucho por andar, hay que dar más pasos, más firmes, más fuertes, porque la mitad de la humanidad no puede ser invisible para los derechos humanos. 

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